La justificación del sistema

Investigado sobre la gestión del cambio y la resistencia que generan estos procesos, me encuentro con que estudios relativamente recientes se han ocupado de explicar por qué el ser humano es capaz de justificar la situación actual, el statu quo, a pesar de que éste perjudique claramente sus intereses.

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Esos estudios se enmarcan dentro de lo que se ha denominado la “Teoría de la justificación del sistema”. Esta teoría indica que los seres humanos poseen una tendencia psicológica a racionalizar el statu quo, percibiéndolo como justo, bueno, legítimo y deseable (Jost y Kay, 2005. Citados por L.Jaume, E. Etchezahar y N.Cervone en “La justificación del sistema económico y su relación con la orientación a la dominancia social”)

Otros investigadores concluyeron que los individuos están motivados, al menos en parte, para racionalizar el estatus quo, esto es, para defender y justificar los arreglos económicos y políticos que les afectan (Jost, Banaji y Nosek, 2004)

Lo más asombroso es que las personas y los grupos tienden a justificar el sistema, incluso cuando éste les perjudica. Esto explicaría por qué las poblaciones, a menudo, no se alzan contra situaciones que dañan sus propios intereses.

Esta tendencia justificadora está en el origen de la resistencia al cambio en todos los ámbitos de la vida.

Parece que una de las razones principales por las que tendemos a justificar el sistema en que vivimos es la necesidad de autoestima. Las personas perseguimos el bienestar subjetivo, para lo cual necesitamos percibir el mundo como ordenado y controlable. Cuando vivimos en un sistema en el que estamos claramente perjudicados, cuida más nuestra autoestima pensar que el sistema es así por buenas razones, que asumir que el sistema podría ser distinto pero no tenemos la inteligencia, la fortaleza o el atrevimiento para cambiarlo.

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Esta justificación opera a nivel de grupo y a nivel individual. De hecho, la experiencia nos demuestra que cuando alguien cuestiona el sistema es reconvenido por el resto del grupo para que acepte el sistema tal y como es y abandone sus peligrosas ideas. Pocas cosas dan más miedo al común que sentir que el sistema está siendo atacado.

Las investigaciones demuestran que el deseo de mantener el sistema se da ya en los niños pequeños y en los niños más mayores. De hecho, esta tendencia justificadora del statu quo no entiende de edades, ni de sexos, ni de posición social, ni laboral.

James O´tool ya defendía hace años, en su libro El liderazgo del cambio, que en los procesos de cambio, el papel de los directivos con más poder suele ser el de justificar y defender el sistema. Hasta ahí es fácil de entender, ¿qué gana, en principio, un directivo con mucho poder con el cambio del sistema?

Lo curioso es que los directivos con menos poder también tienden a justificar y defender el sistema. Quizás por lealtad hacía sus jefes, quizás porque piensan que están bien posicionados en la carrera hacía los privilegios que se supone a los puestos de más responsabilidad.

A aquellos directivos con más o menos poder que encabezan y apoyan el cambio en el sistema los llama O´tool revolucionarios y progresistas. Los revolucionarios por definición son molestos para el sistema que trata de acallarlos o eliminarlos. Obviamente para poder evolucionar, o revolucionar, el sistema primero hay que ser capaz de cuestionarlo.

La teoría de la “La Justificación del Sistema” establece que esta justificación se da principalmente en las siguientes situaciones:

1.- Cuando el sistema está amenazado.

2.- Cuando sentimos que dependemos del sistema.

3.- Cuando nos resulta imposible escapar al sistema o ejercemos un escaso control personal sobre el sistema.

Liderar implica tomar decisiones, dar dirección e influir en otros para que participen y nos acompañen en el camino elegido. Las personas capaces de cuestionar el sistema sin miedo, las que son capaces de encabezar  el cambio, son las que hacen avanzar a la sociedad, demuestran valentía, carácter y liderazgo.

Los grandes líderes que vienen a nuestra memoria cuestionaron abiertamente el sistema en que vivían y desde ahí pudieron hacerlo evolucionar. Mandela, Kennedy, Isabel y Fernando, Harriet Tubman… Steve Jobs, Amancio Ortega… dejaron de justificar el sistema y se propusieron cambiarlo.

Haríamos bien en educar a nuestros hijos para que desarrollen la capacidad de cuestionar el sistema. De esa forma, serán menos dóciles, podrán conservar la parte del sistema que funciona, la que sigue siendo útil a la sociedad, y cambiar la parte que no es justificable por ineficiente, injusta o indigna.

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Un pensamiento en “La justificación del sistema

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